La crisis que nos asola

lunes, 30 de diciembre de 2013

El pensamiento económico de Keynes

El problema que afrontaba el mundo de los años 30 era el desempleo. La economía clásica planteaba que el desequilibrio momentáneo se ajustaría automáticamente por medio de una bajada en los salarios.

Sin embargo, Keynes no estaba de acuerdo: la economía se podía encontrar en equilibrio, con un alto nivel de desempleo. Para él la desocupación, lejos de ser puntual, era estructural. Para solucionarlo proponía que el Gobierno debería hacer un uso más eficaz de las políticas fiscales (impuestos y gastos) y así desatascaría la economía. Lo que proponía era que el Estado complementara el mecanismo de mercado del sector privado, que era incapaz de resolver el problema del paro.

Ese planteamiento pasaba por el incremento del gasto público en períodos de recesión económica, haciendo que el estado adquiriera un déficit que generaría demanda y así se estimularía la inversión, con lo que el paro disminuiría. De esta forma Keynes pensaba que el gobierno podría moderar y hasta eliminar los ciclos económicos interviniendo en la economía.

Otro aspecto importante en la teoría económica de Keynes es el papel que juegan las expectativas sobre el ciclo económico. Consideraba que esas expectativas, dependientes de factores psicológicos, tienen efectos muy importantes sobre la inversión y, por tanto, sobre la economía en general. Sin embargo, las decisiones de ahorro las toman los individuos en función de sus ingresos, mientras que las decisiones de inversión las toman los empresarios en función de sus expectativas. De este modo no existe ninguna razón para que el ahorro y la inversión coincidan, como habían señalado los economistas de la escuela clásica.

Así, cuando las expectativas empresariales son favorables, los empresarios están más dispuestos a invertir, lo que produce una fase expansiva y crecimiento. Por el contrario, cuando esas expectativas son desfavorables, la contracción de la demanda puede provocar depresión. Por esta razón es por lo que Keynes incide en la intervención del Estado para impedir la caída de la demanda, aplicando el mecanismo del aumento de sus gastos.

Al incidir en la dependencia psicológica del futuro, puso sobre el tapete una interrogante a la capacidad de realizar pronósticos útiles en la economía.


Al paso de los años estas ideas calaron en el mundo académico y en las políticas económicas de los países occidentales. Los socialdemócratas vieron con interés una doctrina que propiciaba la intervención del Estado en la economía. Sólo los más liberales se opusieron a esas ideas intervencionistas.

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