La crisis que nos asola

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Los primeros economistas y hasta hoy

Con la publicación de "La riqueza de las naciones" de Adam Smith, la economía como la conocemos hoy se constituyó y lo hizo como una ciencia. Pero lo que verdaderamente le dio carácter fue lo que aconteció poco después: la Revolución Industrial. La aparición de las fábricas y de la producción en masa trajo de la mano una nueva manera de organizar la economía, hasta entonces enfocada hacia cuestiones de índole moral o de filosofía política. Esa manera abarcó mucho más: ese fue el comienzo de lo que ha venido en llamarse economía de mercado.

Adam Smith hizo un análisis del sistema a partir del enfoque del mercado competitivo. Profetizó que una mano invisible guía a los mercados y que las acciones de las personas terminan proporcionando a la sociedad lo que necesita. Smith, pese a su inicial interpretación filosófica del asunto, fue más allá, abarcando cuestiones políticas, históricas, antropológicas y demográficas.

Detrás de Smith vino toda una corriente de pensadores que centraron sus esfuerzos sólo en la economía. Así identificaron diversas áreas de estudio: macroeconomía (la economía a nivel nacional o internacional) que aborda cuestiones como el crecimiento y el desarrollo, la medida de la riqueza en términos de producción e ingresos y las políticas en relación con el comercio internacional, la fiscalidad, la inflación y el desempleo. La microeconomía, otra de las áreas abordadas, investiga las interacciones entre personas, sean estas jurídicas o físicas: oferta y demanda, compradores y vendedores, mercados y competencia.

Las diferencias entre los economistas no se hicieron esperar mucho tiempo. Y así surgieron varias corrientes de pensamiento. Unos defendían el laissez-faire. Otros eran más precavidos en la estimación del comportamiento del mercado como generador de beneficio para la sociedad en su conjunto y denunciaron fallos en el sistema, pero que si el Estado intervenía, se podrían corregir. Evidentemente defendían el papel del Gobierno a la hora de proporcionar servicios y bienes, a la vez que controlaban el poder de los productores. Otros, entre los que sobresale Marx, decididamente imponía el criterio negativista de que la economía capitalista tenía fallos irresolubles y que no sobreviviría.

A fines del siglo XIX, la ciencia económica comenzó a desarrollar rasgos nacionales muy peculiares: se consolidaron centros de pensamiento económico en las universidades y surgieron diferencias entre las principales escuelas de Austria, Gran Bretaña y Suiza, sobre todo en lo concerniente a la intervención pública del Estado.

Estas diferencias fueron más evidentes ya en pleno siglo XX, con las revoluciones de Rusia y de China, que dejaron a un tercio del mundo sometido a regímenes comunistas, con economías planificadas, en lugar de mercados regidos por la competencia. El resto del  mundo discutía si los mercados podrían ser confiables como para aportar prosperidad por sí solos. Gran Bretaña y la Europa continental lo hacían respecto al grado de intervención estatal, pero la batalla ideológica se libró en los EEUU durante la Gran Depresión que siguió al famoso crack del 29 en Wall Street.

En la segunda mitad del siglo XX, EEUU se convirtió en una superpotencia económica y cada vez fue adoptando y consolidando mayores cotas de economía de libre mercado. Tras el colapso de la URSS en 1991, daba la sensación que las políticas liberales triunfaban. Pero no todo el mundo estaba de acuerdo. Y así surgieron otros enfoques alternativos.

A finales del siglo XX, nuevas áreas de la economía incorporaron a sus teorías conceptos de disciplinas como la psicología o la sociología, además de avances en matemáticas y física, como la teoría de juegos o la del caos. Estos teóricos advirtieron de las debilidades del sistema capitalista.

Las crisis financieras, cada vez más graves, numerosas y frecuentes, han abonado esos temores y advertencias. También se constata que la riqueza creciente conlleva un alto coste medioambiental, en forma de un catastrófico cambio climático en ciernes.

Frente a todos estos graves episodios críticos que viene padeciendo tanto Europa como EEUU, aparecen economías nuevas en el sudeste asiático y en los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China). El poder económico se está desplazando. Y es necesario que el potencial de todo el pensamiento económico mundial, en especial europeo y norteamericano, evolucione aportando soluciones a la gestión de los recursos, cada vez más escasos.

Fuente: DK Londres_Edición de Arte de Proyectos_Anna Hall y Duncan Turner. Copyright © 2012_Dorling Kindersley. [Extractos míos]

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